En tus labios se leia mi nombre,
ahora nace la amargura de tu adiós.
Apresurada, vuelas como ave,
huyendo en este frío invierno de nuestro amor.
Te has marchado libre
y contigo, mi corazón.
Dime, ¿valió la pena? me pregunté,
en el silencio no hubo respuesta,
sólo el tiempo desgarrador.
Sigo sentado aquí, esprándote,
con copa en mano, bebiendo mi dolor.
Sigo sentado aquí, escribiéndote,
de mi ave, de mi amor...
de la primavera que me dejó.
(A mi amigo Ever, ánimo!)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario