Era una tarde lluviosa, como ésta. No paraba de llover y en la calle solo hacía presencia un joven; era alto, cabello oscuro, vestía unos pantalones negros y una chamarra café, en el hombro colgaba un morral gris donde parecía guardar un libro y un caótico bulto de papel. Caminaba a paso moderado, aun a pesar de la lluvia, pisaba sin importancia los charcos y tenía su mirada perdida en la lejanía de la avenida.
Al pasar unas tres calles, nota a lo lejos una silueta que le parecía familiar, se acerca disimulando su curiosidad, un faro cercano postrado en la esquina con su tenue luz anaranjada, iluminó aquel rostro y las gotas de lluvia acariciando su piel, ofrecían un halo de belleza única.
Una chica, con una complexión proporcionada, yacía sentada en la banqueta, sin hacer el menor movimiento, el chico se acerca con gran naturalidad y se sienta junto a ella en silencio. Se conocieron hace más de un año, mantenían una gran relación, hasta un buen día que él se decidió en pedirle que fuera su novia, ella aceptó y el mundo volvió a girar. Vio pasar dos "peceras" atiborradas de gente y sentía que sus dedos empezaban a entumirse, se levanta con mucho esfuerzo para estirar las piernas, ella como si regresara en si, lo voltea a ver, en sus ojos se escondía un mar de lágrimas, al instante baja la cabeza como si sintiera vergüenza.
Y por fin en un momento de emoción, se lanza desesperadamente a los brazos del muchacho y a su vez éste la acerca a él con fuerza, sintiendo su cabeza en su pecho. En medio de la calle se encuentran abrazados, envueltos por una llovizna delicada. Cierra los ojos y siente como si su corazón diera un vuelco, con sus manos acaricia las mejillas coloradas de su amada y ella con un hilo de voz y gran dificultad pronunció:
-Amor, ¿morirías por mí? si yo me fuera ¿vendrías conmigo?- él la miró por un buen rato y no respondió, percibió el calor de su piel, la arrítmica fuerza con la que latía su corazón, el olor de su ropa mojada, la aparición de los últimos rayos de luz del día entre las nubes y el incesante goteo de los frondosos árboles a su alrededor. Después de un largo momento le tomó la mano y la acompañó a casa.
Ella ya estaba introduciendo la llave, cuando él la toma del brazo, un apretón dulce y firme, con unos ojos penetrantes, contestó:
-No, querida, yo viviría la vida por ti - ella sonrío y con ojos cristalinos, iluminados por el atardecer, lo besó.
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Simplemente: ROANTICO. Me encantó, jaja además de que lo escribiste el día de mi cumple YEAH!!! jaja eso es genial. Pues espero que sigas escribiendo porque lo haces bien.
ResponderEliminarEspero que no nos alejemos, te quiero mucho.
Saludos